Los tulipanes se
apagan,
ya no se oyen sus
risas.
La noche púrpura
salpica
y tiñe de negro
los cálidos recuerdos
de abrazos perdidos.
Los perros aúllan
sienten rabia y
agonizan
por las palabras
que se han vendido.
¡Oh, si!, que se
han vendido.
Ya los pájaros no
cantan,
ya su voz no los
alcanza
y pierden la
amarga esperanza.
Sus alas cortadas
y los tulipanes, allí, allí aguardan,
esperando la gota
de rocío que las refresca
y las realza.
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